El centro del lago de la luna

Una pequeña Republica del desconcierto y la desazón.

martes, mayo 09, 2006

Infancia de Zifnab. Capítulo I

Erase una vez en un reino muy lejano Bito me pidió os relatase un episodio de mi infancia. Y yo soy muy obediente y muy perezoso. Y aunque él no se acuerde yo si, por muy tarde que pueda llegar. Por Crom que sucedió como os cuento aunque os resulte dificil de creer. Así que, acoqui.

Dudo con la música así que van dos



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Quizás no lo entendáis. El y yo nos hemos dado cita en este enorme caserón para dejar de odiarnos y resolver nuestras cuitas de una puta vez de una forma civilizada. Nos hemos dado un abrazo, lo hemos hechado a suertes el ha sido el que se ha ido y yo el que tengo que buscarle. Cuando le encuentre o el me mata a mí o yo le mato a él. El tiene una pistola y yo tengo la mía, ocho balas cada uno. Y no más odios. Se acabó.

Estoy en un salón. Apenas puedo respirar, creo que mis pulmones están mas o menos tan cagados de miedo como yo y en cambio el corazón está hecho un valiente y ni taquicardias ni infartos. Al parecer ha hecho amistad con el reloj de pared de la habitación y los dos caminan acompasados. El reloj es odioso pero a mi corazón le tengo cierto cariño, las cosas como son.

En un instante comenzaré mi búsqueda. En apenas diez quince minutos o estaré vivo o estaré muerto, según se haya levantado el día. Sentiré como me abrasan las entrañas o el tacto tibio de un arma que ha cumplido su labor. Pero antes, un segundo no más, tengo que hablarme y hablaros. Y respirar. Bueno ya está. Que empiece la función


Le señalo a la muerte su lugar de trabajo y ella cual Judas me dice si estoy tonto. Apuntas a una pared blanca perturbado. Y es que ni siquiera me he movido de donde estaba hace un párrafo. Es la tensión, me digo, es tu madre, me respondo. Disparo una dos y tres veces y el eco de la primera se me pierde en el camino. Creo que he matado a una pared blanca que ninguna culpa tenía la pobre. Como un angelito se ha quedado, blanquísima y lívida con tres polillas que me acusan.

No importa. Ahora que está muerta igual hablan bien de ella y si, se que me estoy volviendo loco, pero es o él o yo y nunca había tenido tantas papeletas en un concurso, ya es mala suerte la mía que sea en uno en los que al ganador Santa Lucía le regala una caja contigo de sorpresa. Me estoy volviendo loco, tanto que tengo que marcharme, dejar de escuchar el reloj incesante dejar de escuchar mis tripas desbocadas, a mi corazón impasible y a los inútiles de mis pulmones. Tengo que matar o ser muerto pero lo que sea que me quite este pavor pegajoso que no me deja ser invisible

Grito. Grito inhumanamente aunque tan humano sea gritar. Grito hasta el momento exacto en que mi garganta estalla y mi boca se llena de amarga sangre y mi último indicio de existencia se desvanece. Y es entonces, cuando salgo corriendo y abro la puerta y la cierro salvajemente, y abro otra puerta, y la cierro salvajemente y la tercera que abro me insinúa una sombra y la disparo sin apuntar y le apunto y luego disparo con los ojos cerrados e idiotas y por fín atino a hacer las dos cosas a la vez. Apuntar disparar y mi reflejo grita en un espejo que las dos primeras balas han roto en tres pedazos. He asesinado a mi imagen y semejanza y solo están vivos sus ojos que me miran con odio. Maté una pared pálida, mate a mi alma de los espejos por loque estoy condenado a no volver a pensar que me sienta mal una camiseta cuando entro en un probador. Mierda de asesino estoy hecho. Me queda una bala y una muerte y dadas mis estadísticas estoy jodido. Cierr la puerta, con delicadeza está vez. Una cosa es la muerte y otra muy distinta los modales.

Deambulo, entro y cierro y el estómago se me da la vuelta a cada paso. Escucho tiros y ecos que los repiten y tal vez los devuelvan, pero no se si quedan cerca o infinitamente lejos. Ya nada suena, ni mis pasos ni mis pulmones, hace mucho que dejé de escuchar el reloj y mi corazíon que lo añora, está cada vez más apagado. Sería la hostia que el otro no tuviese que pegar ni un solo tiro para ganar. Así que entro y cierro y luego abro y busco y tengo miedo y allí está él

Me ha visto antes. Lo se porque le he visto tres ojos, dos que creo recordar que cuando éramos amigos eran marrones, pero ahora son rojos (le sentaban mejor antes) y otro que es negro como el infierno y tiene exáctamente nueve milímetros de calibre. El me sonrie y su tercer ojos se enerva y me dice adios....

Solo que yo no me entero. Un zumbido me vuela la oreja, pero a esas alturas no es que sea mucha cosa. Etoy tan frenético que es luego cuando me entero de mi nuevo piercing. El ya no sonríe porque ha vuelto a disparar pero debe ser que le ha pasado como a mí. A lo mejor ha asesinado a un jarrón chino o a una cómoda del año del catapum, pero sea a quién sea a quien le haya disparado, se le ha comido todas las balas y solo le ha dejado espanto. No lo dudo. Hago todo como debe de hacerse. Abro mucho los ojos, apunto, disparo y sonrío. El muere y yo, gano. Y no, no tengo remordimientos.


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He decidido poner una tercera canción para compartir nostalgias. Ah y si habeis llegado hasta aqui no estaría del todo mal que leyeseis el último párrafo para que mi infancia no os asuste



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Álvaro levántate le digo. Álvaro se levanta. Su habitación huele a la pólvora de los pistones y los dos sudamos después de llevar toda la tarde persiguiéndonos por su enorme casa. Unas veces muere uno y otras otro, pero los pistones se nos han acabado por lo que decidimos poner fin a la masacre. Asi que, descojonados por los sustos que nos llevamos con los putos pistones, aprovechamos y nos vamos a merendar. Tenemos 8 o 9 años y aún no sabemos que no vamos a ser amigos para toda la vida. Y da un poco igual poque al fin y al cabo, ese día nos lo pasamos bien. En el futuro cada uno será médico o mago o lo que le venga en gana ser o incluso lo que le dejen, pero yo ahora si no os importa me voy a merendar un bocata foie grass de la hostia que nos ha preparado su madre. Además juega el Estu y el resto de la tarde nos la vamos a pasar gritando como bestias cada vez que Russell machaque en las narices de Iturriaga. El Estu perderá, claro, pero eso aún no lo sabemos, así que no me lo contéis.

11 comentarios:

Blogger cieloazzul ha dicho...

Señor, Señor... una cosa es definitiva...
el placer que tus letras me dan, me dejan con una enorme sonrisa ... admiración y más admiración...
el mejor texto que he leído en mucho tiempo. incluyendo a Neruda, Benedetti, Vargas Llosa y Pérez Reverte..
besos.

6:16 a. m.  
Blogger Eva ha dicho...

Que bonito y como cambian las versiones con los años y la experiencia... Me he asustado un poco al principio ;)


Besos

9:42 a. m.  
Blogger Arare_ ha dicho...

Sublime tu locura, amigo. Gracias. Petonets.

10:59 a. m.  
Blogger Larha ha dicho...

¿Ocho balas cada arma? no sé, no sé si os darán para toda la tarde. Yo tengo más balas, pero tengo que entrar en el juego, pero no quiero ser la chica a la que salvar, además no necesito más balas porque yo disparo con la mano desnuda en plan alargo dedo índice en horizontal apuntador y el dedo pequeñito queda como disparador y hago pum pum (así siempre me aseguro un número muy muy muy elevado de balas :).

Callo ya que no he sido formalmente invitada al juego. Podría quedar enfadada, pero no será el caso, ya que tampoco pedir jugar. Vale, callo.

2:14 p. m.  
Blogger Bito ha dicho...

Creí que ya me la habías contado (lo de la infancia) el día aquel que te enamoraste de un bebé como tú, a la que le enseñabas la nieve, de la que te separaron cogiendote en brazos... (ya ves, así de egocéntrico soy).

Pero esta me ha gustado, me imaginado lo que pasaba bien al principio por lo que ha ganado bastante, la verdad. Porque junto con el lenguaje de novela negra se me mezclaban las imagines de dos crios (uno parecido a Harry Potter... demasiada publicidad, que vamos a hacerle) pero he disfruado de tu último párrafo, sin tratarse de mi vida me ha traído infinidad de nostalgia.

Ya ves.

6:05 p. m.  
Blogger Misscronic ha dicho...

Mejor no dejar de ser niño.

6:42 p. m.  
Blogger Cobre ha dicho...

Me ha recordado a mis batallitas infantiles armada con mi pistola de flechas con ventosa y a los bocatas de nocilla...

Muy bonito, me ha puesto ñoña, joder!!

Un beso

9:21 p. m.  
Anonymous lokura ha dicho...

vengo a dejarte un beso de esos de jueves. A mil

9:39 a. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

... ahora veo la relacion entre los balines (en mi casa a esas pistolas siempre se les ha llamado "pistolas de balines") y esa filia tuya por las bolas de fuego... de las que te sabes un conjuro buenisimo aunque ahora mismo no te acuerdes de el ;)

Aracne

12:27 p. m.  
Blogger -Pato- ha dicho...

Gran relato, pero muy muy bueno!

Es que lo has escrito con el niño adentro, con el que estaba jugando ese día en el caserón, ese niño volvió a jugar con su amigo otra vez.

Qué suerte que lo has escrito, qué suerte que Bito te pidió esto y que suerte que pasé por aquí con tiempo.
Besos.

8:55 p. m.  
Blogger Azena ha dicho...

buenísimo, me encantó

no entiendo cómo he podido estarme tanto tiempo sin pasar por aquí

volveré pronto...

10:55 a. m.  

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