El centro del lago de la luna

Una pequeña Republica del desconcierto y la desazón.

martes, julio 11, 2006

Dunas


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Una de las reglas del juego de vivir es que te despiertes en el mismo lugar en el que te acostaste salvo si viajas en coche cama u otra habitación itinerante similar. A mi no me sucede. O no juego o me imponen otras reglas. Y si no juego, me jodo. Juego pues.

Estoy desnudo y mis pies me sostienen sobre una arena que no es arena pero que tiene su color, una arena que no es arena pero que da gusto pisar y piso una dos y varias veces. Se está bien. Huele bien.

No se donde me han llevado y sin embargo se que lo se y que me falta descubrirlo. Tanta contradicción es locura me advierto pero en un instante me resigno contradictoriamente. Ahora quedan las decisiones importantes. No se donde estoy aunque lo sepa, pero ¿A dónde quiero ir?. Si me inclino por la espalda me aguarda no muy lejos una especie de bosquecillo de matorrales. Un poco más allá, dos desfiladeros separados por el vacío y al fondo, una cordillera de picos con forma de niños pequeños que aún piensan que el cielo les va a devolver las cosas que piden, pobrecitos.

Si en cambio escojo cualquiera de mis costados me espera el horizonte al norte y el horizonte al sur y siempre pensé que el horizonte era algo que quedaba demasiado lejos así que allí no iré

Sólo me resta por tanto tirar para adelante y tiro, no sin antes recordar (esta memoria) que tenía sed y rebuscar agua en un pozo que encuentro en mi singladura nada más comenzar a caminar. Las paredes de la arena que no es arena se inclinan sobre el vacío como si lo codiciasen. No tengo una piedra para tirar así que escupo en su interior. Nunca vuelvo a escucharlo. Me olvido de la sed y sigo andando.

Y ando. La tierra se eleva en una ligera pendiente que alguien me dice que ya recorrí antes. Descubro justo enfrente de mí dos colinas gemelas que dejan un camino en su mitad. Dudo entre si subir y observar o seguir y encontrarlo y poco convencido resuelvo este último. No por pereza ni por cobardía sino más bien por el pálpito de que al conquistar algunas montañas eres conquistado por ellas. No deben ser pocos los hombres que los alpinistas encuentran en las cimas, con los ojos enfebrecidos por los celos, con las ropas podridas, pero quietos como estatuas, vigilando la montaña, su montaña. Su amada y a veces, cuando se deja, su amante.

Estas colinas son hermosas. Tanto, que mejor no jugar con fuego. Mejor abrasarse que morir de frío dice mi yo rebelde. Le callo con un golpe en la cabeza. Prosigo con jaqueca

Dejo atrás la tentación. Cada vez me acerco más a descubrir qué es la arena que no es arena mientras transito por un caminos angosto a cuyos lados se arremolinan brumas que no permiten adivinar como será tu muerte, cierta en cualquier caso. A veces el camino tiembla y cada vez que lo hace podría jurar que el estómago se me vuelca y mi pene, como decirlo, reacciona. Sabía que los ahorcados mueren erectos pero no sabía que idéntica reacción provocan los temblores de las arenas que no son arenas pero si movedizas.

Ando porque no me queda otro remedio, porque para llorar ya están los días cotidianos, por aquello de no atreverse a volver atrás o quedarte parado. El camino se corta por una pared vertical. Son más amables las pendientes de los lados y escalo por ellas con algún que otro resbalón inoportuno. Arriba se escucha el aire que me refresca y comienzo a comprender sin acabar de creérmelo. Bordeo una misteriosa caverna que se abre en el suelo con sus estalagmitas y sus estalactitas de sal que, como desvergonzadas sirenas, me incitan a recorrerlas. No es momento, no es lugar. No es posible. Me digo

Y por fin, el conocimiento. La selva que recorre el horizonte, las extrañas formaciones del este y del oeste membranosas y sin embargo, como decirlo, deseables (si, deseables). Más cuevas tenebrosas con dos entradas si cabe más sobrecogedoras que las anteriores pero sobre todas las cosas, las dos charcas de luz templada que se abren a mis pies. Me baño en una de ellas y bebo ansiosamente un agua levemente salada. Y ya se, pero falta confirmarlo. Empapado salgo de una y me zambullo en la otra, igual de templada igual de hermosa. Y ya no hay duda que quepa.

Los ojos en los que me baño son aquellos a los que vi llorar y me contagiaron. Y hay cavernas que asustan por lo que te atraviesa cuando las besas. Su cuello siempre me dio vértigo. Y sus pechos ganas de quedarme. Y su piel es la arena que acaricia mis lamentos. Debí honrar su ombligo, devorar su pubis, recorrer sus piernas, dormir en sus pies pero no lo hice cuando Ella lo necesitaba y ahora ya es tarde. Ahora siempre es tarde al parecer (asco de palabra impuntual) y más desde que se que no debería haberte escupido en el ombligo, pero yo que sabía cielo (y desde ahora también tierra -como antes si lo piensas bien-)

Y cuando ebrio de haberte recorrido proclamé “No existe cuerpo más hermoso que el de Ella, palurdos”, los Dioses, al parecer, rememorando los viejos tiempos en los que por menos que eso te convertían en araña o montaban la de Troya, me condenaron a habitar su cuerpo (mi mundo), lejos de ella para el resto de mi vida.

Aún no comprenden que aunque Ella no me susurre, su condena es mi salvación.

Que se jodan.

15 comentarios:

Blogger cieloazzul ha dicho...

Pero por los Dioses del Olimpo, Señor Mago, le han dado la sentencia de fuego, en la que visto está, usted escribe con sensibilidad que duele, mientras que a ella, le robaron un ultimo susurro... casi lo sé..
besos soñadores...

1:38 a. m.  
Blogger Descongnit ha dicho...

A la deriva, no somos mas que Ulises cotidianos con "pequeñas" batallas e imprecisos finales.

8:44 a. m.  
Blogger Isthar ha dicho...

No hay condena suficiente para tu "pecado de Ibris" lo suficientemente fuerte para apartarte de Ella :)

Es precioso :´)

12:29 p. m.  
Blogger Sopor eterno ha dicho...

Dios!!

Me quedo con la frase su condena es mi salvacion...

besos.

12:43 p. m.  
Blogger Eulalia ha dicho...

Sí, mago, si: esa es la travesía que nos vuelve locos.
Y que se jodan, que se jodan esos dioses que aún creen que extraviándonos nos perdemos.

5:34 p. m.  
Blogger Ligeia ha dicho...

No tengo palabras.

Un beso.

6:36 p. m.  
Blogger Bito ha dicho...

Qué viaje tan hermoso el suyo señor Zifnab, me imaginé lo del cuerpo de su amada ya cuando habla usted de las montañas, pero no había caído en lo del ombligo, y de veras que me ha gustado y sorprendido.

Hay un par de frases que habría que enmarcar, además de esa intención de final de texto.

Cojonudo.

7:29 p. m.  
Blogger Blanche ha dicho...

Duneando... sientiendo el calor, el esfuerzo la sed, cuando es extrema deja de ser sed y de existir...
mil besos

11:45 a. m.  
Blogger Eulalia ha dicho...

¿Por qué dí por sentado al principio que usted, señor mago, era casi un adolescente?
Ahora que le voy leyendo ya no estoy tan segura.
Un beso

2:00 p. m.  
Blogger Arare_ ha dicho...

Que maravilla...

3:01 p. m.  
Blogger Larha ha dicho...

¿Despertarse?, también están los viajes astrales, pero como no son ciertos, no existen, así que no he dicho nada salvable.

Pues sí, que se jodan una y mil veces, mil una para ser más exactos.

6:36 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

¿Y acaso porque nos condenen vamos a dejar de hacer que esos Dioses aburridos (y mira que puede llegar a ser cruel y devastador ese adjetivo)se jodan?... pues eso, que se jodan.

Si buscar su salvacion significa condenarme, prefiero salvarme y que me condenen.

Aracne

7:27 p. m.  
Blogger -Pato- ha dicho...

Me ha gustado la analogia que haces de Ella con un territorio que no se porque imagine argentina, tal vez por esas cordilleras de ninios pidiendo al cielo.
Creo entender porque te ha gustado la frase de Vila Matas que deje en mi blog.
Besos y excelente texto.

1:51 a. m.  
Anonymous María ha dicho...

¡Cuánta sensibilidad! ¡cómo me gusta la magia sus textos Sr. Mago! Besos

9:04 a. m.  
Blogger rafico ha dicho...

Tu sueño es una oda a la ausente, o nó?
O será que es el lamento a un cuerpo que no es?

Me parece que has descrito nuestra divina condena.
Un abrazo. Hasta pronto

5:34 p. m.  

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