El centro del lago de la luna

Una pequeña Republica del desconcierto y la desazón.

jueves, diciembre 15, 2005

Regalos. Por el Principito, Habana Blues y el Ron de la República

Es posible que tarde un poco el siguiente post. Son fechas arduas e intensas y no me da tiempo a sentarme y dejar que los dedos se acerquen a vosotros. Pero por los vuestros me seguiré pasando. Me ha dado por acordarme del verano, fíjate la tontería, con lo lejos que queda y esto es el resultado final. Es largo pero hay tiempo. Sed felices. El año que viene seguro que será mejor. Palabra de mago que no existe que intentará intentarlo.



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Ve y mira nuévamente las rosas.
Comprenderás que la tuya es única en el mundo.
Volverás para decirme adios y te regalaré un secreto.
El zorro al Principito



Margarita nació un día cualquiera de esos que nadie recuerda si fueron de sol o de nubes. Margarita le pusieron y nació por ello o por otra razón cualquiera, indecisa. Creció lista y estudiosa, ligeramente bella, tras su sonrisa extraviada. Llenó más de tres huchas en pocos años, nunca respondió a deshoras a sus padres y apenas dio problemas con las comidas. Dos catarros y un amago de varicela, poco más. Su presencia en la conversaciones de siempre fue testimonial. Tenia pocas y buenas amigas. Vivió alguna tierna historia de amor una en verano y dos en invierno, perdió las palabras de aquellos años y lo cierto es que jamás añoro que volvieran. Obtuvo una beca nada más a salir de la universidad y poco a poco, siendo lista y callada y ligeramente bella y con sonrisa extraviada avanzo en la vida hasta el cálido abrazo de un buen sueldo y el lejano eco de problemas no conocidos. Gastó uno de sus veranos en el Caribe. Ella y dos amigas habitaron el extraño y difuminado recuerdo de la noche y lo etílico. El ron les pobló las venas y la noche acarició sus entrañas. Volvieron felices y dicharacheras. Ellas, sus amigas, con botellas y camisetas de algodón en sus maletas, y ella, Margarita, pagando el billete de avión a un negro., que acompañaba su asiento, cogido de su mano. Le conoció en el hotel y vivió sus noches y fue tan hermoso tan extraño, tan distinto, que Margarita decidió dejar de ser indecisa y así dilucidar si la culpa era del ron o de los besos. El apenas dejó nada tras de si. Un empleo como animador de saraos en un complejo de lujo, una miseria eterna y un sueño atlántico.

Margarita regresó a su casa reclamando independencia. Agotó de excusas la paciencia de sus padres, les habló de libertad y de ya va siendo hora. Nada les dijo de su papito dominicano y nada ellos preguntaron. Ese mismo día, sin tiempo, sin reacciones, alquilaron un piso. No se fijaron en si era bello o ruinoso. Se desnudaron e hicieron el amor dos, tres, mil quinientas dos veces. No era el ron. Eran los besos. Margarita le decía Papito y él le daba besos en el hombro desnudo por la mañana y le sonreía y las mañanas eran blancas para Margarita y las noches negras y sudadas.

Vivieron la monotonía del tiempo. El encontró trabajo como camarero en un sitio de moda, la moda del color negro, la moda de los músculos y el deseo, y ella siguió avanzando en el trabajo, percibiendo sueldos, enamorada. Algunas noches, aquellas en las que se miraban cariñosamente y olvidaban por un rato la pasión, visitaban locales de salsa y allí compartían una nostalgia alegre y mágica que se vislumbraba en la forma de mirarse. Cuando bailaban lo hacían agarrados, el mejor que ella. Se rozaban sus ojos y sus pestañas. Los brazos caminaban por la misma senda. Las piernas trataban de quererse a ritmos escuchados solo de vez en cuando, extasiados en la mirada. La cintura de ella imposible de acercarse más a su cintura, la de él. Rozando miembros viriles y vaginas femeninas. Ella pensaba en su polla y en su desnudo. El la imaginaba en el cielo, sin ropa eso si. A la vuelta se querían durmiendo o acariciándose. El le arrullaba en el cansancio y le contaba historias de tribus africanas de héroes muertos que su abuela de ojos brilllantes le contaba en penumbra. Historias poco creíbles en el mundo de los centros comerciales y de las gorras de marca, pero que Margarita escuchaba beata, fiel en su abrazo, mientras poco a poco cerraba sus ojos y se dormía. Margarita soñaba entonces con mañanas blancas y con besos en el hombro.

Las cosas un dia cualquiera, más nublado que con sol, se torcieron. Tal vez la mala suerte, la torpeza o el ensimismamiento de los enamorados o un vecino cabrón que no soporta los gemidos que a él se le quedaron por el camino. Es igual. El caso es que un día sonó el teléfono y el se levanto a responder. Ella portaba sabanas de seda como toda vestimenta. El mostró su desnudez al aire y recogió la mirada de Margarita que lo quiso locamente en ese momento como en tantos otros.

El sonido de teléfono anunció la llamada con mayúsculas y estruendo. Es el servicio de inmigración mamita, que me dicen que me vaya mamita (el sonreía mientras sonreía) ¿te casas conmigo mamita y no me voy?. Y entonces a saber que pensó Margarita que cable se le cruzó en ese momento para quedarse callada y más blanca que nunca, desojarse a si misma recordando, que mal momento para hacerlo, que era indecisa y que le costaba hablar de futuros hasta la muerte. Y papito se resignó como se resignan los que nacieron pobres y resignados a hostias y no soltó la sonrisa en la boca ni siquiera cuando colgó sabiendo ya la fecha del último adios, que no compartieron juntos, sin reprocharla y sin decirla. Él, regresó en un avión y a su lado volaba una niña de 8 años que iba a reunirse con su divorciada madre. Los dos se rieron mucho el uno con el otro. Los dos tenían tristes los ojos.

Margarita vive y trabaja y se compró una casa bonita y soleada, sin ruinas ni ecos que pidieran ser ensordecidos. Ve regularmente a sus padres y sigue queriendo a sus pocas amigas que lo son porque no preguntan lo que ya saben. Sigue siendo callada y ya no comete el error de creerse segura. Desde aquel avión de despedida solo ha besado a un hombre que no dejo de ser un espejismo y lo repudia todas las noches, mientras rememora la caña de azucar y detesta el whisky. Mientras asiente cuando se dice una y otra vez que en ocasiones solo hay una oportunidad para ser valientes. Sueña en islas caribeñas y se pregunta dos cosas. Por que y por que. Añora todas las mañanas su besito en los hombros desnudos. Margarita se marchita. Echa de menos.

13 comentarios:

Blogger Lula Towanda ha dicho...

Deshojando la margaríata la pobre Margarita tan modosita y tan indecisa deja pasar la vida.¡que pena!

1:55 a. m.  
Blogger Larha ha dicho...

Hay un momento nervioso y de emoción al entrar aquí y oir la música que hay, esperando encontrar algo que cause la misma sensación y deje la misma sonrisa que ese violín de abajo (y yo busca que te busca a ver si la consigo).

Margarita no me cae bien.

Páselo bien estos días y esos días y cualquier día. Un beso.

11:17 p. m.  
Blogger Zifnab ha dicho...

Lula: Supongo que hay gente que se busca su propia tristeza. Los papeles siempre tienden a liar las cosas y ella se lío. En su soledad le queda el castigo

Sinmás: A mí tampoco mucho para que vamos a engañarnos. Solo hay una cosa de ella que si no me gusta si me hace verla con mejores ojos. A ella lo que le falta es valentía para seguir siendo feliz y enfrentarse a ciertas leyes que aún siguen siendo válidas para algunos y yo he sido cobarde demasiasadas veces. Margarita salio así, egoista. Allá ella.

Joder estoy hablando de ella como si ella decidiese, cuando lo más seguro es que esté cagándose en mis muertos por no cambiarle el final.

En fin, sed felices

3:07 a. m.  
Blogger SUPERCLUCHY ha dicho...

precioso... precioso... precioso... y con una sensación de tristeza me quedo.

consigues conmoverme una y otra vez... y me encanta.

se feliz tu tb y no tardes mucho en volver, please ;)

12:40 p. m.  
Blogger Ashavari ha dicho...

Me embrujó. :o

2:10 p. m.  
Anonymous Luces-D-Bohemia ha dicho...

Margarita no es indecisa. Margarita decide, pero decide mal. Muy mal. Porque decidir no ser feliz nunca es una buena decisión. Para ser cobarde siempre hay tiempo. Sin embargo, para demostrar el valor suelen darnos pocos segundos.

Hay muchas Margaritas en el mundo. Yo prefiero seguir siendo "mala hierba".

Un beso.

12:30 a. m.  
Anonymous marian ha dicho...

Hola mago!

He llegado a ti a través del blog de Bito porque me ha encantado lo que has explicado de cómo conociste a tu perro así que, he querido saber quién se escondía detrás de ese comentario.

Esta historia también me ha gustado, pero si te apetece, te propongo cambiarle el final. Qué pasaría, cómo sería la historia si Margarita le dice que si?

Cuídate!

12:35 p. m.  
Blogger illa ha dicho...

Feliz Navidad Zifnab.
Mi tía se llama Margarita :)

2:54 p. m.  
Blogger Bito ha dicho...

... y yo que no creo que aquello fuese un espejismo. Simplemente que un día Margarita aprendió que el destino estaba bajo sus dedos, que podía mover la vida de un lado a otro a su antojo, que la libertad nunca te la dan, simplemente se tiene... un día supo todo eso y al otro lo olvidó.

Y qué pena!

4:02 p. m.  
Blogger Lula Towanda ha dicho...

Te paso la bola de un meme literario, sorry :-)
visita mi blog para más información

6:58 p. m.  
Blogger Sopor eterno ha dicho...

Y si tu eres un mago...y yo soy una bruja...como es que no nos hemos conocido antes??

3:37 p. m.  
Anonymous Isthar ha dicho...

No deja de entristrecerme que no fuera capaz de saltar al vacío.

Aunque no haya nunca seguridades a largo plazo, siempre es mejor apostar por el presente.

6:48 p. m.  
Anonymous María ha dicho...

Decidirse cuesta mucho y a veces lo hacemos mal por mucho que deseemos lo que estamos rechazando. Es una pena, pero es así. ¡Un simple papel y fíjate lo que pasa! Disfruta estos días, que estaremos esperando tu vuelta para que nos llenes de magia y hechizos. Sé feliz. Besos

7:14 p. m.  

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